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AMOR: PALABRA CON HISTORIA

Eliana Paola Barragán
Historiadora Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de Historik.
elianabarragan@revistahistorik.com

Pareja Edad MediaEl amor, inspiración de poetas, responsable de gozos y sufrimientos, tal vez sentimiento sublime, quizá atracción incontrolable; se podría intentar una definición pero seguro se tropezaría con todo tipo de inconformismos. Lo cierto es que muchos de los rasgos que lo caracterizan provienen de conceptos y experiencias de hace siglos, concretamente de la baja Edad Media, época en la que algunos se atreven a situar su invención. Tal afirmación se debe al hecho de que hacia el siglo XII, en Provenza, los poetas líricos propusieron en las composiciones destinadas al entretenimiento de las cortes un arte de amar que derivó en el amor cortés o fine amour, un modelo de comportamiento que proponía la “adopción de maneras educadas y un cortejo paciente” para abordar a las mujeres nobles (Duby 319; Verdon 81).

En la poesía lírica y la novela cortés los protagonistas eran caballeros andantes, jóvenes, plenos de virtudes -apuestos, valerosos, discretos, etc., que emprendían aventuras movidos por el amor. Por su parte, las mujeres, objeto de deseo, eran por lo general doncellas o damas casadas de “noble alcurnia” y bellas, cualidades que contribuían “al propio ennoblecimiento y superación” del caballero (Walde Moheno). En especial, el hecho de lograr los favores de una dama casada suponía una hazaña que enfatizaba el arrojo del protagonista.

Si bien la historia comenzaba con una mirada -amor a primera vista- que llevaba al apasionamiento del hombre por la mujer, el proceso de cortejo comprendía cuatro estados: fenhedor, pregador, entendedor y drutz. En el primero, el caballero reconocía su amor por la dama aunque no se atrevía a decirle que la amaba, situación que le producía angustia y un sufrimiento que purificaba aún más el sentimiento. En uno de los lais
Era un tipo de leyenda breve en verso que, difundida en Francia y Alemania entre los siglos XII y XIV, narraba historias con motivos de orden maravilloso. María de Francia hizo del amor el principal elemento de su obra, dejándolo ver como un sentimiento imposible de controlar.
de María de Francia, el caballero Guigemar queda flechado por una dama que lo ha curado de una herida, ante el temor de no ser correspondido exclama:

¡Ay, desgraciado de mí! ¿Qué haré? Iré hacia ella y le diré que tenga piedad de este desdichado, privado de protección. Si es tan orgullosa y altiva que se niega a aceptar mi suplica, no me quedará sino morir de dolor o languidecer para siempre de este mal (María de Francia 63 y 64).

En el estado pregador el caballero manifestaba su amor pero lo hacía en tono suplicante, se humillaba y se ponía al servicio de la dama, en el mismo sentido en que un vasallo lo haría ante su señor feudal. En el tercero, entendedor, la dama aceptaba el amor y le entregaba al caballero sus afectos en pequeñas dosis -sonrisas, besos, caricias-:

La dueña comprendió que era verdad lo que decía y le otorgó sin demora su amor. Entonces la besó.
Ahora ya estaba Guigemar satisfecho. Yacían juntos, hablaban y se besaban y abrazaban a menudo. Bien les convenía todo lo demás que los otros acostumbraban a hacer (María de Francia 68).

Pareja Edad MediaEn el último estado, drutz, la mujer acogía bajo las mantas al hombre y lo convertía en su amante. Como muchos entendidos del tema sostienen, el amor cortés no era platónico. Para George Duby, historiador francés, el amor es un juego y, como en todo juego, el jugador espera obtener una ganancia (320). Al respecto, Lilian Von der Walde, literata, afirma que el fine amour llevaba “implícito el goce erótico concreto (sensorial y físico) como retribución”.

El hecho de que la literatura cortés hubiera establecido todo un ritual de conquista antes de llegar al acto sexual, por un lado, señaló una finalidad didáctica, la de frenar las pulsiones eróticas para evitar excesos como la captura brutal o violación y, por otro lado, contribuyó a la institución de una “manera honesta” de conquistar a las mujeres (Duby 332). Por ejemplo, en un lai breton anónimo quedó expuesta la intención pedagógica cuando el caballero Graenlent coge los vestidos de una doncella que desnuda toma un baño en una fuente, ella al verse sorprendida teme pero el caballero le hace ver que no le hará nada que no consienta:

-No quiero salir –dijo ella- porque me podrías coger. No me interesa hablar con vos, porque no tengo nada que ver con vos. Él le contesto:
-Esperaré aquí guardando vuestras ropas hasta que salgáis. Bella amiga, ¡qué hermoso es vuestro cuerpo!
Cuando ella se dio cuenta de que él la esperaría, pues no le entregaba sus vestidos le pidió su promesa de que no le haría ningún daño. Graenlent se lo prometió y le devolvió la camisa (36).

La “cortesía” que practica un caballero como Graenlent le confiere un grado de distinción frente a otros hombres como los campesinos que, según Andrés el Capellán en su Tratado de amor, “ejecutaban las obras de Venus tan naturalmente como el caballo y la mula, tal como les enseñaba el instinto natural” (293).

Aunque se trataba de una literatura de evasión, es decir, que lo narrado era un medio para escapar de la realidad, con el paso del tiempo el amor, su materia principal, se constituyó en uno de los motivos para entablar relaciones de pareja. Aún más significativo es el hecho de que varios de los rasgos que se derivan de la prácticas del amor cortés, como el galanteo sosegado o el sensación de tener que librar batallas para estar con del ser amado, son de las “características que más tajantemente distinguen nuestra civilización de las otras” (Duby 339).

Bibliografía:
• “Graenlent”. Nueve lais bretones y La Sombra de Jean Renart. Madrid: Siruela, 1987.
• Andrés el Capellán. De Amore (Tratado sobre el amor). Trad. Inés Creixell Vidal-Quadras. Barcelona: Sirmio, 1990.
• Duby, George. “El modelo cortés”. Historia de las Mujeres en Occidente: la Edad Media. Madrid: Taurus, 2000. v.2 de Historia de las Mujeres en Occidente. Dir. G. Duby y M. Perrot.
• María de Francia. “Guigemar”. Los lais de María de Francia. Trad. Ana María Valero de Holzbacher. Madrid: Espasa-Calpe, 1978.
• Verdon, Jean. El amor en la Edad Media: la carne, el sexo y el sentimiento. Barcelona: Paidós, 2008.
• Walde Moheno, Lillian von der. “El amor cortés”. Espacio Académico de Cemanáhuac. III 35 (1997). Web. Marzo 2012.

 

 

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