Inicio, portada, homeHistorikoContáctenosQuiénes somos
EditorialCurioseandoArte_KVestigioEnfoqueEventos & páginas recomendadasConvocatorias
>> Arte_K >> Espacio crítico y literario: Salirse con la suya

Compartir

EL ENORME INFLUJO DEL MAESTRO BARBA

Por Ignacio Casado Casco
Graduado en Historia del Arte / Antropología Social y Cultural
nachinorama@gmail.com

Hablar de Ramón Barba y Josefina Albarracín
Ramón Barba (Madrid 1892- Bogotá 1964) se estableció en Bogotá en 1925 donde permaneció el resto de su vida, al punto que se le considera artista colombiano. Josefina Albarracín (Bogotá 1904- 2007) aprendió del maestro Barba, con quien contrajo matrimonio en 1934, las técnicas de la escultura trabajando en su obra sobre todo la talla en madera.
no es sólo destacar el esfuerzo de dos artistas plásticos empeñados en desentrañar los profundos misterios del carácter humano; tampoco es ceñirse a la constancia y dedicación en pulir la habilidad técnica que derivara en virtuosismo; ni siquiera es justo limitarse en la valoración al vasto aporte realizado por dicho matrimonio en tanto tarea de registro e inmortalización de hombres y mujeres que, aún de diferentes categorías y estatus, comparten la pertenencia, conformación de la memoria y consagración paulatina de una difusa, intangible pero patente identidad colectiva de la nación colombiana.

Highslide JS
Ricardo Rendón y Jorge Eliécer Gaitán
Quizá debamos manejar como premisa básica la certeza de que la obra de Barba – Albarracín constituye un punto de inflexión para las artes en Colombia, ya que provoca un cambio en la aproximación a la realidad enfatizando cuestiones antes despreciadas (mendigos y trabajadores como modelos para sus obras así como el tema del indigenismo, al que el maestro Barba en primer lugar acude para forjar sus anatomías y sus rostros, se presentan como dos incorporaciones al terreno del arte en Colombia).
Ramón Barba, procedente de la escuela madrileña de Miguel Blay, se establece en Colombia en 1925 involucrándose de manera práctica con su tierra y sus gentes. Su importancia en el panorama artístico colombiano reside fundamentalmente en dos factores: por un lado, la talla directa en madera; y, por otro, la elección de personajes anónimos, populares, en muchos casos de las posiciones más miserables, como motivo principal de su trabajo.

Barba introduce en Colombia la técnica de la talla directa en madera con la que recoge, en palabras del ilustre pensador Jorge Zalamea, la herencia de la escultura sacra española y del material en que mejor y más fuertemente se ha expresado. Y es a partir de ese legado ibérico que el maestro Barba compone sus trabajos en los que, sobre un realismo patente, aprovecha para investigar las realidades del material y los límites de las formas obsequiándonos con abundantes detalles de abstracción. Líneas suaves dialogan de esta manera con referencias geométricas y cortes abruptos conformando una singular armonía.

Highslide JS
Juramento de un Comunero
Dos fueron las líneas que hubieron de seguir el grupo de artistas de la década de 1930 que ha sido denominado, con mayor o menor fortuna, los Bachué.
Nombre de origen Chibcha. El Grupo Bachué se refiere a una serie de artistas que, en los años treinta del siglo XX, tenían en común el rechazo a las posturas academicistas provenientes de Europa, así como la búsqueda de una cierta identidad en los valores nacionales. Su nombre fue adquirido a partir de la mítica obra de Rómulo Rozo “La Bachué”. De existencia efímera, ni siquiera constituido como movimiento, consiguií la reivindicación de lo propio frente a lo extranjero con propuestas formales originales.
La primera fue la impulsada por Rómulo Rozo, se caracterizaba por el empleo de motivos precolombinos. La segunda es la que se dedicó a ensalzar la figura del campesino, de aquél que trabaja la tierra y extrae de ella su sustento. Esta tendencia la inició y le dio fuerza Ramón Barba, y sirvió de inspiración a muchos otros creadores del momento y posteriores como Luis Alberto Acuña, el fotógrafo Luis B. Ramos, o los escultores Domingo Rodríguez, Hena Rodríguez y Josefina Albarracín. Ésta última contrajo matrimonio con el maestro Barba consolidándose, en sus propias palabras, como su discípula aventajada. Observar con detenimiento el trabajo de Josefina es corroborar el juicio de Ramón, huyendo de valoraciones tendenciosas por afinidad entre ambos. En la obra de Josefina Albarracín se aprecia la consonancia con el maestro Barba tanto en la temática y el respeto por el modelo como en el ansia por capturar el sentimiento y la singularidad de la persona. Sin embargo es justo reseñar la independencia creativa y de criterio de Josefina Albarracín que se acentúa de forma paulatina conforme avanza su vida y progresa en su obra.

A las piezas escultóricas de ambos artistas hay que añadir los fantásticos dibujos de estudios realizados mayormente en carboncillo. Son rostros de personas cuya mirada trasciende la superficie para perderse en algún lugar de nuestro interior lanzando una silenciosa, pero pertinaz, pregunta retórica sobre el por qué de su y, por ende, nuestro destino. Esta mirada inquisitoria es un aspecto extensible a todos los personajes retratados por los dos artistas. Comuneros, mendigos, gentes del mercado, incluso brillantes figuras que en algún momento destacaron por sus virtudes, y que se vieron destronadas por diferentes avatares de la vida, son inmortalizados de manera magistral por los artistas en mención.

No deben ser mera coincidencia los numerosos galardones obtenidos por estos autores en las más importantes muestras de arte en Colombia
En el I Salón Nacional de Artistas de Colombia (1940), Ramón Barba obtiene el primer premio de escultura con la presentación de tres piezas: “Mujer joven”, “Madre del pintor Gómez Jaramillo” y “Promesero chiquinquireño” elaboradas en mármol blanco, piedra y madera, materiales con los que logró una virtuosa demostración del conocimiento de su oficio. “Comunero del socorro”, también del maestro Barba, fue la pieza galardonada con el primer premio en el Salón de la Gran Colombia-Universidad Javeriana- en 1943. En este mismo certamen Josefina Albarracín recibe el segundo premio por la cabeza en bronce “Hombre del mercado, (Jacinto)”. El VII Salón de Artistas de Colombia (1946) concede a Josefina Albarracín el primer premio a la talla en madera por la obra “Cabeza de muchacha”, y en la siguiente edición de este certamen repite la escultora con el máximo galardón por la talla en madera “Muchacha campesina”.
, acordes con las más altas valoraciones de sus contemporáneos como Jorge Zalamea o Germán Arciniegas, sino prueba y constancia del impacto y relevancia que la obra del maestro Barba y su discípula Josefina Albarracín ha tenido en la historia del arte en Colombia. El historiador Francisco Gil Tovar se ha referido a Ramón Barba como “quizás el mejor tallista en madera que se ha conocido en Colombia en cualquier tiempo”. Y Jorge Zalamea, en su estudio de 1941 Nueve artistas colombianos, ha afirmado de Josefina Albarracín:

pocas veces la emoción del artista se compenetró mejor con la presencia del modelo; en pocas ocasiones fue más fiel una mano al objeto que reproducía y a los sentimientos que despertaba en el espíritu del artista; en raras obras es posible encontrar semejante conjunción de sinceridad espiritual y dominio técnico.

Highslide JS
Cabeza de Obrero
La historia del arte en Colombia debe prestar atención al trabajo de estos dos incansables autores, los cuales no sólo inspiraron y encauzaron el de otros artistas de su tiempo, sino que contribuyeron con su legado a enriquecer la cultura de su país, y a dignificar el trabajo y la labor cotidiana de tantos personajes de los que la Historia se olvida, pero que su heroísmo callado con que batallan la vida conforma el milagro del engranaje social.

Sólo nos queda lamentar que la estupenda exposición realizada en el Museo de Arte y Cultura Colsubsidio, clausurada el 14 de junio de 2011 y que supuso una profunda retrospectiva de la obra de estos dos grandes escultores colombianos, no tenga continuación abriendo serios interrogantes sobre el futuro de este valioso legado.

BIBLIOGRAFÍA

Arciniegas, Germán. “Ramón Barba y la escultura simbólica”. El Tiempo [Bogotá] 9 de diciembre de 1928. Sec. Lecturas Dominicales.

Gil Tovar, Francisco. El arte colombiano. Bogotá: Plaza & Janés, 1985.

Medina, Álvaro. El arte colombiano de los años veinte y treinta. Bogotá: Premios Nacionales de Cultura Colcultura, 1995.

Padilla, Christian. La llamada de la tierra: el nacionalismo en la escultura colombiana. Colección de Ensayos sobre el campo del arte colombiano. Premio ensayo histórico, teórico o crítico sobre el campo del arte colombiano. Bogotá: Alcaldía Mayor de Bogotá D.C., Cultura Recreación y Deporte, Fundación Gilberto Álzate Avendaño, 2008.

Zalamea, Jorge Nueve artistas colombianos. Bogotá: Litografía Colombia, 1941.

 

 

 

Primer Aniversario

 

En números anteriores

© 2011 HistoriK. Investigación en Historia Arte y Humanidades S.A.S.
Los contenidos de HistoriK tienen licencia Creative Commnons: Atribución-Sin Derivada 2.5 Colombia Licencia Creative Commons

Inicio | Historiko | Contáctenos | Quiénes somos | Paute con nosotros
EDITORIAL | CURIOSEANDO | INVESTIGACIÓN CENTRAL | ARTE_K | VESTIGIO | ENFOQUE | EVENTOS & PÁGINAS | CONVOCATORIAS

Historik en Twitter Historik en Facebook Historik en Youtube Términos y condiciones Licencia Inicio