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MATRIMONIO EN ANTIGUO ORIENTE

Eliana Paola Barragán
Historiadora Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de Historik.
elianabarragan@revistahistorik.com

Estatua del príncipe Rahotep y la princesa Nofret

Matrimonio en nuestro contexto es una palabra que produce sensaciones opuestas. Algunos esperan con ansiedad que llegue el día en que sean reconocidos “ante Dios y ante la Ley” como esposos, otros se asustan porque creen que el compromiso que se adquiere es muy grande, y otros piensan que para compartir con el ser querido no es necesaria una formalidad. Lo cierto es que como institución, que pretende regular las relaciones sociales, el matrimonio se ha presentado de diversas formas, en distintas culturas y épocas. Resulta interesante remontarse al milenio II a.C. para ver que si bien los arios practicaban la monogamia también aceptaban la poligamia; incluso, las mujeres podían estar casadas al tiempo con varios hombres, fenómeno atípico conocido como poliandria (Thapar 44). Así mismo, es interesante el hecho de que algunas sociedades anteriores a la civilización China, ubicadas en el curso medio del río Amarillo, poseyeran una estructura social que permitía: la poligamia con igualdad de derechos para las esposas; el levirato u obligación de la viudas sin hijos de casarse con el hermano de su esposo difunto; y la endogamia, es decir, la prohibición expresa de unirse con alguien que no fuera del clan.

El sacerdote Seneb con su familiaEn la civilización del antiguo Egipto, el matrimonio era una institución social que adquiría legitimidad no por un acto jurídico sino por el hecho privado de la cohabitación de la pareja. La poligamia era practicada por los faraones quienes escogían una reina predilecta. La elección del cónyuge era importante, por tanto quien tomaba la decisión era el padre de la mujer. Los criterios para realizarlo no resultan del todo claros, aunque, lo más probable es que los matrimonios entre personas de diferente condición social no fueran frecuentes debido a las jerarquías en la sociedad; situación atestiguada por Heródoto, quien mencionó que entre los egipcios nadie consentía dar a su hija en matrimonio a un porquero, ni tomar mujer entre ellos (Fernández 27). Quizás por la rigidez de la estructura social fueron usuales los matrimonios entre parientes, sobre todo entre miembros de la familia real. Por ejemplo, la reina-faraón Hatshepsut de la dinastía XVIII contrajo nupcias con su hermano Tutmosis II.

Los cónyuges formaban un núcleo aparte del de los padres, de hecho, la expresión egipcia para referirse al matrimonio era “fundar una casa” (Fernández 26). La ruptura del matrimonio tampoco requería de un reconocimiento jurídico y, a menudo, se esgrimía como una de sus causales la esterilidad de la mujer, motivo de vergüenza como lo manifestó una reina egipcia que debido a la muerte de su esposo y por no tener hijos escribió al rey hitita Suppiluliuma I para ofrecerse como esposa para uno de sus hijos. El rey al creerse engañado envío a sus mensajeros para averiguar la verdad, la reina se ofendió por la situación y le escribió: “¿por qué me dijiste ‘me están engañando’ con este asunto? Si hubiera tenido un hijo, ¿hubiese escrito acerca de mi vergüenza y la de mi país a una tierra extraña?” (Reeves 234). Otra de las causales de separación era la infidelidad de la mujer, hecho que le hacía perder a ella la reclamación económica que se le reconocía en caso de divorcio.

Orantes de Tell AsmarEn la baja Mesopotamia del II milenio a.C. se consideraba como matrimonio a la unión formada por un hombre y una mujer jurídicamente establecida a través de un contrato, tal y como quedó estipulado en el numeral 128 del Código de Hammurabi. No obstante, el esposo podía tener una sierva o una concubina. Al igual que en Egipto, el padre de la mujer era quien otorgaba en matrimonio a la hija. Contrario a ésta civilización, en Mesopotamia fueron comunes las uniones entre personas de distintos grupos sociales mientras que las relaciones entre consanguíneos fueron abiertamente repudiadas e incluso severamente condenadas; al respecto uno de los códigos especificó: “si un hijo yace con su propia madre, serán quemados entrambos”.

La separación al igual que el matrimonio debía hacerse mediante un acto público conocido como repudio. El repudio era del hombre hacia la mujer y era motivado por la esterilidad, el descuido del hogar y la enfermedad. Luego de la separación, la ley establecía que la mujer recibiera la dote con que había llegado a la unión marital, además de ser indemnizada si la causa de la ruptura no era el descuido del marido. La infidelidad no era causal de separación, excepto cuando el esposo acusaba a su esposa sin pruebas, aunque la ley disponía la pena de muerte como castigo (disposiciones 129, 131, 132 del Código de Hammurabi).

Parte superior de la estela del Código de HammurabiEn el caso de los hititas las uniones matrimoniales eran monógamas y aquellas que se daban entre hombres libres y esclavas estaban plenamente reconocidas por sus leyes. Al igual que los mesopotámicos, los motivos de ruptura de las relaciones eran el descuido del hogar, intereses y sentimientos personales (económicos o el afecto por otras personas). La infidelidad también era otra de las causas de separación, no obstante, si un hombre comprobaba el engaño de su esposa estaba amparado por la ley en caso de que decidiera asesinar a su mujer y al amante in situ, pero si la dejaba libre tenía que hacerlo también con su amante. Luego de la ruptura, las mujeres regresaban a la casa de su padre con una ayuda económica aportada por su ex marido y si tenían varios hijos podían llevarse uno al hogar paterno (Hicks 82-109).

 

 

Bibliografía:
• Código de Hammurabi. Bogotá: Publicaciones Universidad Externado de Colombia, s.f.
• Fernández, N. Así vivían los egipcios. Madrid: Anaya, 2001.
• Hicks, J. Los hititas. México: Ediciones culturales, 1990.
• Reeves, N. Akhenatón, el falso profeta de Egipto. Madrid: Anaya 2002.
• Thapar, R. Historia de la India I. México: Fondo de Cultura Económica, 2001.

Imágenes:
1.Estatua del príncipe Rahotep y la princesa Nofret
(2575-2551 a.C.)
Museo del Cairo

2.El sacerdote Seneb con su familia
(siglos XXIV-XXIII a.C.)
Museo del Cairo

3.Orantes de Tell Asmar
2700-2550 a.c.
Museo Nacional de Irak

4.Parte superior de la estela del Código de Hammurabi
1760 a. C.
Museo de Louvre

 

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