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LA SALUD MÁS QUE UNA CUESTIÓN CORPORAL:
LA LEPRA EN CARTAGENA DURANTE LA COLONIA

Eliana Paola Barragán
Historiadora Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de Historik.
elianabarragan@revistahistorik.com

Pareja Edad MediaPor Real Cédula del Escorial de 1598 se dispuso la creación de un lazareto en la ciudad de Cartagena de Indias. A principios del siglo XVII, durante el mandato de Felipe IV y la presidencia de don Juan de Borja, se fundó el primer establecimiento dedicado al cuidado de los leprosos en el Nuevo Reino de Granada: el Hospital Real de San Lázaro. El hecho respondió a la necesidad de controlar un problema de salud que se expandía; el padecimiento no era propio del Nuevo Mundo. Según la investigación que realizó el médico colombiano Juan Bautista Montoya y Flórez, la lepra no existía antes del contacto con los europeos, pues en las Crónicas de Indias no había alusiones a ella y, por lo menos hasta principios del siglo XX, no se sabía de casos de comunidades indígenas afectadas. Para él era evidente que la enfermedad había llegado con los europeos y que los casos habían aumentado por cuenta del comercio de esclavos africanos ya que como el mismo lo afirma “en las épocas primitivas, como en los tiempos modernos, sus focos eran y son: el Indostán, la China y la costa occidental del África” (5).

En ese sentido, la ciudad costera de Cartagena fue la primera en registrar un número importante de enfermos de lepra dado que su puerto marítimo fue durante la Colonia el centro de la vida comercial del Reino y el de mayor tráfico de esclavos de toda la América meridional. La situación seguramente alertó a las autoridades locales que, como medida de protección de la población sana, aislaron y recluyeron a los aquejados dejándolos al cuidado de los clérigos, como se acostumbraba con aquellos padecimientos considerados contagiosos. Sin duda se creía que la lepra era uno de ellos dado que se asumía que el contacto con leprosos, la permanencia en aire infectado o corrupto, la picadura de animales venenosos, el consumo de comida en descomposición o demasiado condimentanda, entre otros, eran medios propicios para su transmisión (Obregón 56). Al respecto, en 1795 en Santafé durante la revisión de un presunto caso de lepra, el canónigo José Celestino Mutis escribió sobre las causas del padecimiento:

Siempre he sospechado que el abuso de alguno de estos alimentos conocidamente dañosos, como lo son las carnes saladas, las frescas de cerdo y su manteca, no corregidas con el saludable uso y alimentos vegetales, avrá existido siempre una disposición a contraer la enfermedad luego que apareció la causa ocasionada por el contagio del veneno de algún lazarino. (Montoya y Flórez 27)

Como narra el sacerdote jesuita Ángel Valtierra, el Hospital Real de San Lázaro se ubicó a las afueras de la ciudad, cerca al Fuerte de San Felipe. Inicialmente era una pequeña colonia de bohíos o lacería al estilo medieval, posteriormente se fueron realizando modificaciones: hacia 1620 el capitán Diego de la Torre impulsó la construcción de una capilla y el levantamiento de un muro de aislamiento y para 1777 ya contaba con 41 casas pajizas. En 1781 mediante Real Cédula se ordenó el traslado del lazareto fuera de Cartagena, se encomendó su construcción al ingeniero militar don Antonio Arévalo; el sitio escogido fue Caño del Oro, cerca a la vieja cantera del Rey, en la isla Tierra Bomba (ver recomendado).

La leprosería se sostuvo con recursos de la Corona y de las gobernaciones locales del Reino que remitían sus enfermos como Santa Marta, Citará (hoy Chocó) y Antioquia. De tal forma que con el tiempo el número de leprosos atendidos creció pasando de 70 en 1627 a 100 en 1777 (Montoya y Flórez 12). Más recursos para el sostenimiento del Hospital vinieron por cuenta de la caridad cristiana: los fieles realizaban aportes en dinero o en especie y los religiosos se encargaban de los enfermos.

Tal hecho derivó de la concepción cristiana de la enfermedad que la consideraba una condena que impartía Dios por las conductas de un pueblo pecador: “una conducta condenable predispone al dolor, y del mismo modo que una falta requiere un castigo, los pecados de la carne conllevan el sufrimiento (Delaporte 19). Por ese motivo los religiosos procuraban mitigar el dolor de los enfermos y guiarlos hacia la redención mientras los buenos cristianos les ayudaban porque así alcanzaban ellos el paraíso. Para la época era impensable curar el cuerpo ya que eso significaba interferir en los designios divinos, lo que se procuraba era la salvación del alma. Con ese objetivo en el siglo XVII un misionero jesuita que llegó a Cartagena escribió De Instauranda Aethiopum Salute, un extenso tratado que perseguía la restauración de la salud de los esclavos entendida como un estado de gracia espiritual (ver Restaurando la salud de los etíopes).

 

Bibliografía:
• Delaporte, F. Las epidemias. Barcelona: RBA Editores, 1995.
• Montoya y Flórez, Juan Bautista. Contribución al estudio de la lepra en Colombia Medellín: Imprenta Editorial, 1910.
• Obregón, Diana. Batallas contra la lepra: Estado, medicina y ciencia en Colombia. Medellín: Banco de la República y Fondo Editorial Universitario EAFIT, 2002.
• Valtierra, Ángel. Cuarto centenario del nacimiento de San Pedro Claver. Bogotá: Banco de la República, 1980.

Imagen:
• Cartagena, Colombia: página de San Pedro Claver, Claustro, Museo e Iglesia. Página web de texto. s.l: s.f. CartagenaInfo. Web. Consultada el 26 de junio de 2012.

Recomendado:
• Leprocomio de Caño del Oro (documental). 2008. Cartagena. Institución Educativa San José Caño del Oro.

 

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