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ENTRE LES MURS (LA CLASE)

2008. Laurent Cantent. Francia

Por Carlos Gamboa
carlosgamboa408@hotmail.com

Cartel La Clase (2008)Fácilmente en internet, con solo teclear en google el nombre de la película -Entre les Murs, The Class o La Clase-, el de su director -Laurent Cantet- o el de cualquiera de sus adolescentes actores (son muchos para escribirlos aquí), se puede encontrar información sobre el film francés, ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2008. Entre fotografías y direcciones electrónicas se pueden apreciar anécdotas y comentarios de las muchachas y muchachos que participaron en la cinta de dos horas, considerada, por algunos catedráticos, como un documental de François Bégaudeau -quien se interpreta a sí mismo en el papel de profesor- acerca de lo que ocurre, en la actualidad, entre los muros de un aula de clase.

Con el inicio del año lectivo, la llegada y bienvenida a los profesores y la entrada bulliciosa de los estudiantes al salón de clases comienza la historia. En las primeras escenas se plantean algunas de las características de los estudiantes que causan tensiones, contradicciones y conflictos: diferencias de edad -existente también entre los profesores-, de género -la escuela es mixta-, de color de piel -conviven “amarillos", negros, mestizos y blancos de diferentes matices-, de lengua -hablan diversas lenguas maternas y un francés distante de la gramática-, de cultura -a pesar de haber nacido en Francia algunos explícitamente prefieren no considerarse franceses-, de moda -la vestimenta enuncia libertad de expresión- y, por si fuera poco, otras diferencias en cuanto a conocimientos, gustos, actitudes y expectativas - presentes igualmente entre los profesores-.

François BégaudeauSin embargo, las tensiones, contradicciones y conflictos no son producto solamente de las características subjetivas de los estudiantes, pues también son el resultado de la interacción entre sujetos en actividades y situaciones con características éticas no siempre reconocibles ni cuestionadas: se debe obedecer, se debe hacer fila para entrar, se debe hacer silencio, se debe guardar la calma y respetar la cortesía, no se debe perder el tiempo, se debe trabajar en clase, se debe sancionar a los estudiantes para que aprendan la disciplina, los profesores son la autoridad, tienen la razón y debe darse credibilidad a lo que dicen, se deben utilizar los canales administrativos regulados para decidir el futuro de los estudiantes, etc.

La ClaseLos premios otorgados a La clase se deben, seguramente, a la crítica frontal que hace a una escuela que niega la diversidad cultural y personal y convierte el aula de clases en un dispositivo para producir individuos troquelados -a la manera de una fábrica de tornillos-, incapaces de formular preguntas y bien dispuestos para engullir respuestas. Razón tenía Estanislao Zuleta cuando afirmaba que la escuela nos ha quitado los placeres de sentir, pensar y problematizar el mundo y nos ha conducido a lo predecible, al aburrimiento generalizado y a la sumisión frente al consumo -desde hamburguesas y videojuegos hasta formas de pensar-. Los adolescentes de la película claramente expresan que sus vidas no tienen el interés de la vida de Ana Frank -en su Diario- o la de Sócrates -en la República de Platón-; ellos afirman: “nuestras vidas no son tan apasionantes”, “a los trece años no tenemos nada para contar”, “solo vamos a la escuela, volvemos a la casa, comemos y dormimos”. El profesor, ajeno a su papel como agente de la estandarización y la desorientación, responde con una frase que bien podría dirigirse a cualquiera de sus colegas: “chistoso es que ustedes no encuentren sus vidas interesantes”.

La ClaseEl final de la película coincide con el término del año escolar. Allí, justo al final de las clases, unos adolescentes hablan de lo que les interesó y fue significativo para construir su particular biografía -“su autorretrato”-; otros hablan confusamente de lo que creen saber; otros dicen lo que los profesores quieren oír; otros evalúan a sus propios mentores (una estudiante dice a uno de ellos “sus libros son una droga”, “son inútiles”); otros confiesan dramáticamente a su maestro: “Yo no aprendí nada”, “No comprendo lo que hacemos”. Bien valdría la pena ver esta película para preguntarnos sobre cuál debería ser el sentido de las clases, de la educación y de la vida misma. Afuera suena el timbre, es el anuncio de las vacaciones.

 

 

 

 

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