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¿LO PROHIBIDO O LO PRACTICADO? SEXO EN LA EDAD MEDIA

Eliana Paola Barragán
Historiadora Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de Historik.
elianabarragan@revistahistorik.com

Pareja Edad MediaHablar de los comportamientos sexuales de hombres y mujeres en la Edad Media resulta apasionante pero en extremo difícil, pues el tema, que ha sido un tabú en la mayoría de las sociedades occidentales, ha dejado escasos vestigios. Esos rastros, curiosamente, vienen de personas a quienes les estaba vedado copular: los clérigos de la Iglesia católica. Dada la necesidad de procreación de “almas que poblaran el paraíso” y la imposibilidad de evitar las relaciones sexuales de la feligresía, los religiosos se dieron a la tarea de ejercer un mayor control sobre su sexualidad con la justificación de salvarlos del pecado. En documentos como sermones y penitenciales (catálogo de penitencias) quedaron consignados los límites dentro de los cuales eran lícitas las prácticas sexuales. A la par, tras las prohibiciones y penitencias, se develaban las caricias, gestos, posiciones o hábitos sexuales que se podían ejercer.

Para los religiosos las relaciones sexuales eran legítimas en el contexto del matrimonio y con la exclusiva finalidad de la procreación. Lo contrarío indicaba que se daba mayor importancia al amor carnal que al espiritual alejándose de Dios para caer en pecado. Cesáreo Obispo de Arlés (470-553) lo dejó explicado en su Sermón 44:

El buen cristiano no conoce a su mujer sino es con la intención de tener hijos, pues no se recibe una esposa para satisfacer los propios deseos, sino para procrear. Además, los contratos matrimoniales los estipulan así: “para procrear hijos”, dicen. Como veis no se dice “para satisfacer el deseo”, sino “para procrear hijos” (cit. en Verdon 24).

Como se constata, para alcanzar la salvación no bastaba con estar desposados también era necesario contener la pasión amorosa. Al respecto, San Jerónimo (340-420) sostenía que el marido que tomaba a su mujer ardientemente se convertía en adúltero porque la buscaba solo por el placer que le procuraba al estilo de una amante (Matthews 105; L’Hermitte-Leclercq 287). En el mismo sentido prácticas como la masturbación y el coitus interruptus agrupadas bajo el término de onanismo (por la figura bíblica de Onán quien por derramar su semen en el suelo cuando yacía con su esposa fue castigado por Dios) estaban desterradas de la sexualidad aceptada dado que su finalidad era la satisfacción de la carne, el placer.

Pareja Edad MediaA la dominación de sí mismos, los esposos debían sumar el respeto a las fiestas del señor por lo que estaba condenada la relación sexual en días como los viernes -día de la muerte del señor-, los domingos -día de la resurrección del señor-, la navidad, el viernes santo, la pascua e incluso durante la cuaresma. Tampoco eran propicios para el encuentro de la pareja los días de indisposición de la mujer –ciclos menstruales, el embarazo, los 40 días después del parto, días de amamantamiento- porque se creían una amenaza para la salud de la descendencia. Cesáreo en sentido intimidante especificó: “el que conoce a su mujer cuando está indispuesta o no respeta la contenencia el día del señor o cualquier otro día de fiesta concibe hijos que nacen leprosos, epilépticos o incluso poseídos por el demonio” (cit. en Verdon 27). Con todas esas restricciones se calcula que los “buenos” cónyuges tenían entre 90 y 120 días al año sin preocupaciones para entregarse al debitum conjugale.

Los clérigos pretendían controlar hasta los aspectos más íntimos del acto sexual, al punto de determinar cuál era la posición sexual apropiada o natural para el coito. La aceptada era la mujer boca arriba y el hombre encima de ella ya que era la “única posición que favorecía la plantación de la semilla masculina”, símbolo del acto por el cual el labrador ara la tierra (Matthews 105). La posición retro o more canino estaba condenada porque se asemejaba al acoplamiento de los animales. Por esa razón, Burcardo, Obispo de Worms (965-1025), en su penitencial, exhortaba a los confesores a preguntar: “¿has copulado con tu esposa o con otra por detrás, a semejanza de los perros? Si lo has hecho, harás penitencia diez días a pan y agua” (cit. en Verdon 30). La posición mulier super virum también era tomada por antinatural porque la mujer al ponerse encima del hombre quebrantaba la subordinación natural y jurídica instituida en el matrimonio.

Pareja Edad MediaOtras prácticas sexuales como la sodomía y la bestialidad al ser contra natura y privilegiar los placeres perversos eran reprobadas y exageradamente penadas (Matthews 107). En concepto de Burcardo, un hombre que había fornicado como los sodomitas, es decir, introduciendo su miembro en la parte trasera de otro hombre debía, si era casado y lo había hecho una o dos veces, realizar penitencia 10 años en los días oficiales, uno de ellos a pan y agua. Si era una costumbre, 12 años. Si lo había hecho con su hermano de sangre, 15 años. En caso de que el fiel en confesión aceptará haber cometido bestialidad, es decir, haber tenido relaciones sexuales con seres de otra especie -animales o demonios- y si lo había hecho una o dos veces por no tener esposa para aplacar su lubricidad, 40 días de penitencia con ayuno a pan y agua. Si estaba casado ayunaría 10 años en días fijados. Si tenía la costumbre de cometer ese crimen ayunaría 15 años y si lo había practicado en su juventud ayunaría 100 días a pan y agua.

Bibliografía:
• L’Hermitte-Leclercq, Paulette. “Las mujeres en el orden feudal (siglos XI y XII)”. Historia de las Mujeres en Occidente: la Edad Media. Madrid: Taurus, 2000. v.2 de Historia de las Mujeres en Occidente. Dir. G. Duby y M. Perrot.
• Matthews Grieco, Sara F. “El cuerpo, apariencia y sexualidad”. Historia de las Mujeres en Occidente: del Renacimiento a la Edad Moderna (Tratado sobre el amor). Madrid: Taurus, 2000. v.3 de Historia de las Mujeres en Occidente. Dir. G. Duby y M. Perrot.
• Verdon, Jean. El amor en la Edad Media: la carne, el sexo y el sentimiento. Barcelona: Paidós, 2008.

 

 

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