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LUEGO DEL 9 DE ABRIL DE 1948.
DIEZ DÍAS DE PODER POPULAR DE APOLINAR DÍAZ CALLEJAS

Sayra Catherín Rodríguez G.
Historiadora – Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos del IEPRI, Universidad Nacional, y miembro del Comité Editorial de HistoriK.
scrodriguezg@unal.edu.co

Diez Días de Poder PopularEn la historiografía colombiana se han intentado variadas reflexiones sobre las similitudes y diferencias entre las guerras civiles del siglo XIX y las revueltas que se originaron luego del 9 de abril de 1948 con el asesinato del líder político Jorge Eliecer Gaitán. En esa vía, las particularidades del caso colombiano se relacionan con una fuerte estructura partidista y las permanencias espacio-temporales en las formas que ha tomado el conflicto interno. Más allá del surgimiento del gaitanismo como un poder alternativo al bipartidismo dominante, se advierte la experiencia de un nuevo poder en Barrancabermeja tras la muerte del caudillo liberal con el que se intentó un rompimiento de las formas tradicionales de la violencia bipartidista. Estos elementos, sin duda, dan cuenta de procesos singulares del conflicto en Colombia que se determina, en gran medida, por el fraccionamiento de la soberanía y la lucha violenta por el poder político.

El escrito Diez días de poder popular tiene vida en tal contexto histórico. En sus páginas, uno de los principales líderes de la insurrección popular de Barrancabermeja da testimonio del ensayo de un poder alternativo al poder tradicional bipartidista. Apolinar Díaz Callejas acude a la prensa de la época para resaltar el poder que logró alcanzar la experiencia del nuevo poder en Barrancabermeja, pero principalmente, las muy distintas versiones que se produjeron sobre este hecho en particular.

El análisis de Díaz Callejas resulta sugestivo ya que pone sobre la mesa aspectos diversos de la lucha insurreccional liderada por el gaitanismo. Básicamente, la constitución de un poder popular que aprovechó el vacío de poder dejado por los acontecimientos del 9 de abril comprendió tres elementos primordiales: 1) la Junta Revolucionaria de Gobierno: elegida popularmente para la dirección política, es decir, la fuerza conductora del poder popular; 2) El alcalde: la representación de la nueva administración política y judicial y 3) el poder obrero: conformado principalmente por el proletariado petrolero de la Tropical Oil company y la Shell. En términos generales, este movimiento tenía en su centro un proletariado petrolero liberal-gaitanista, lo que resulta por demás revelador, y que evidencia la dificultad de no contar con una estructura partidista revolucionaria que condujera la lucha en el resto del país.

Luego del 9 de abril, la junta revolucionaria del gobierno de Barranca creo normas para el mantenimiento del orden y la disciplina decretando la ley seca y la destrucción del depósito de licores para evitar los desórdenes y levantamientos; posteriormente se restringieron otras formas de entretenimiento con el mismo fin. El proletariado, por su parte, se organizó militarmente para custodiar la riqueza de la zona y la población por lo que fue indispensable conseguir indumentaria y material bélico. El poder militar en Barrancabermeja se concentró en la organización y distribución de las funciones y la fabricación de armas. En ese sentido, Antonio Pérez Tolosa cumplió un papel fundamental como jefe militar del nuevo poder.

Otra de tantas medidas correspondió al trato dado a los opositores conservadores que eran detenidos para evitar desmanes populares. Asimismo, otras estuvieron relacionadas con el abastecimiento de la comunidad y la obtención de los insumos militares, por lo que fue indispensable la recaudación de contribuciones, especialmente provenientes de los liberales adinerados. Con este tipo de medidas se buscaba solventar una forma de lucha alternativa distinta a las de las guerras partidistas en las que fue típico el saqueo y el robo.

La participación popular se dio a partir de asambleas populares y sindicales, vitales para el ejercicio de la soberanía, sobre todo, en lo relacionado con la fijación del sistema tributario y de servicios. En el texto se hace un denso análisis sobre el funcionamiento del poder popular y su grado de organización y disciplina. Por ejemplo, el sindicato de los trabajadores petroleros se encargó de racionalizar los bienes que la junta conseguía. Se destaca la preocupación del nuevo gobierno de evitar los excesos y el rompimiento del pacto con la población. No obstante, lo definitivo fue que se contó con los inmensos recursos del petróleo. De igual forma, la administración de la justicia ante algún delito o brote de alteración del orden devela el fenómeno interesante de la suplantación del sistema judicial tradicional por un sistema nuevo que se derivó de una acción colectiva de vigilancia. Son pocos los ejemplos que ofrece al autor para reconocer las formas revolucionarias de administración de justicia.

Luego de la descripción a grandes rasgos de algunos aspectos fundamentales de aquel poder alternativo, el autor reflexiona sobre la participación de la junta revolucionaria en la muy breve experiencia de diez días de poder popular y que dejó como resultado palpable el aislamiento de Barrancabermeja de la dinámica del resto del país. La insurrección había terminado en muchos lugares lo que puso en aprietos al poder establecido allí, lo que a la larga condujo a negociar con el gobierno. Este ejercicio de poder aislado mostró que las circunstancias no eran las más adecuadas; la junta era consciente de los límites intrínsecos del movimiento: no había un plan de lucha socialista ni un proyecto político definido que alcanzara dimensiones nacionales. Por tanto, el 19 de abril de 1948 se llegó a un pacto con las autoridades nacionales que estipulaba la elección de un nuevo alcalde, el mantenimiento de las milicias populares y la no represión. Sin embargo, otros diez días después el ejército se tomó la ciudad y capturó a algunos de los líderes del movimiento rompiéndose así el pacto. Esto, argumenta el autor, se dio por la conciliación partidista que restableció el orden en todo el país por medio de la represión.

En su escrito, el autor planteó sus cuestionamiento sobre la llamada Violencia, que adjudicó al uso de la fuerza por parte de los partidos tradicionales que han sido históricamente provocadores del desorden y portadores de maneras crueles de represión: "la historia y esos hechos muestran, por el contrario, que las clases dominantes colombianas recurrieron siempre a la violencia, al crimen y a la barbarie en las disputas y guerras por el control del poder político" (140). Es interesante ver cómo se presenta la Violencia como resultado de la represión partidista a la insurrección y no como resultado de la insurrección popular inmediata a la muerte de Gaitán.

Tras la militarización de la ciudad se iniciaron los concejos verbales a los integrantes de la Junta Revolucionaria de Barrancabermeja. El autor reconstruye vivamente el desarrollo de los enjuiciamientos a través de lo que se debatió en la opinión pública. De aquí fue característica la justicia parcializada que tenía como aliciente la lucha anticomunista, por un lado, y la intervención de militares para reprimir a los testigos, por el otro. Es interesante cómo en el concejo de guerra se configuró el delito de rebelión y usurpación para hacer frente a las realidades revolucionarias que se produjeron durante esos diez días de poder popular.

Lo que llama la atención de este escrito es que gira alrededor del fraccionamiento y avatares de la lucha insurreccional, además de que visibiliza la contienda por el control del estado y la toma del poder en la que juegan las estructuras partidistas y los ejércitos o intentos de poder revolucionarios.

 

Fuente:
• Díaz Callejas, Apolinar. Diez días de poder popular. Ediciones Fescol-El Labrador, Bogotá, 1988.

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Consultar:
• Revista Semana. “Los Diez Días de poder popular”, 26 de diciembre de 1988. Ver en: www.semana.com/cultura/articulo/los-diez-dias-de-poder-popular

 

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